Venenos invisibles · Libros Cúpula, 2025
Las primeras páginas de «Venenos invisibles»
Las dos secciones con las que empieza el libro: quién soy y por qué lo escribí, y lo que vas a descubrir para vivir mejor.
Índice
Lo que hay dentro del libro
Las dos primeras secciones las puedes leer aquí. El resto, en el libro.
- Un poco sobre mí Léelo aquí9
- Lo que vas a descubrir para vivir mejor Léelo aquí15
- ¿Qué son los venenos invisibles y cómo nos pueden influir?19
- La sabiduría de nuestros ancestros y la geobiología
- Tu GPS particular: la glándula pineal
- Tu casa es tu tercera piel
- Tu cuerpo te informa de que algo no va bien
- La nueva pandemia: ¡Dichoso 5G!
- Mejora tu entorno, ¡ya!
- Venenos artificiales o radiaciones electromagnéticas53
- ¿Qué es la contaminación electromagnética?
- ¡Tú eres bioeléctrico!
- ¿Cómo se miden las ondas y los campos electromagnéticos?
- ¡Ilumínate, pero bien!
- ¿Qué es y para qué sirve la toma de tierra?
- ¿Cómo debe ser la instalación eléctrica de tu casa?
- ¡Realiza tu propia toma de tierra!
- ¡Malditas interferencias!
- ¿Qué son los contadores inteligentes y la electricidad sucia?
- ¿Cómo vivir sin wifi ni 5G sin estar desconectado?
- ¿Qué pasa con el bluetooth?
- ¿Qué es un edificio enfermo?
- Venenos químicos o tóxicos ambientales127
- ¿Cómo afectan a tu salud los venenos químicos?
- ¿Qué tóxicos químicos hay en tu casa y cómo puedes evitarlos?
- ¿Qué es el efecto cóctel?
- ¡Fuera mohos y micotoxinas!
- ¿Qué es y cómo te afecta el gas radón?
- ¡Elimina tóxicos usando plantas!
- Otros venenos químicos cotidianos
- Venenos geofísicos o radiaciones naturales y alteraciones del subsuelo175
- Radiaciones naturales y alteraciones del subsuelo
- ¿Qué instrumentos se utilizan para detectar las alteraciones del subsuelo?
- Equilibra tu salud: la glándula pineal
- ¿Cómo debes orientar tu cama para descansar mejor?
- Síntomas de alteraciones geofísicas
- Protege tu descanso antes de enfermar
- ¿A quién debes acudir para verificar que tienes una geopatía?
- Tips imprescindibles para el buen descanso
- Epílogo: Lo que no se ve sí enferma239
- 100 preguntas que me han hecho y que puede que te hagas alguna vez241
- Anexo profesional: herramientas, ciencia y prevención269
Un poco sobre mí
No escribo este libro con afán lucrativo ni por obligación profesional. Lo escribo porque lo que he vivido, lo que he aprendido y lo que sigo viendo cada día me empuja, y casi me obliga, a compartirlo. No divulgarlo sería una falta de responsabilidad y de honestidad conmigo mismo y con quienes puedan hallar respuestas que contribuyan a mejorar su bienestar.
Vengo de una familia humilde. Soy el menor de tres hermanos y, desde muy pequeño, sentí una fascinación inexplicable por los juegos de construcción, el dibujo y las maquetas. Recuerdo que, cada viernes, robaba las cajas de fruta del carro de la compra de mi madre, con la única finalidad de construir casas con ellas. El tiempo se detenía cuando imaginaba espacios, diseñaba rincones, creaba mundos…
Con 17 años, sin haber terminado el instituto, empecé a trabajar como aprendiz en un estudio de arquitectura. Lo que para otros era un futuro oficio, para mí ya era una necesidad vital. Me formé en arquitectura mientras trabajaba y, con solo 21 años —sí, un poco precoz—, monté mi propio estudio, sin ni siquiera haber terminado la carrera. Contraté a personal cualificado para poder ofrecer proyectos de viviendas a medida, con una atención al detalle casi obsesiva. Con 27 años, ya tenía en marcha mi propia promotora. Vivía mi pasión intensamente y, en muchos sentidos, sentía que lo tenía todo bien encaminado.
Pero, como suele pasar con las cosas importantes de la vida, el gran cambio llegó de forma inesperada, en un lugar tan íntimo como mi propia casa. Mi camino cambió radicalmente a raíz de una experiencia personal que marcó un antes y un después en mi vida.
Por aquel entonces —hablo del año 2003— tenía un estudio de arquitectura (que sigo conservando desde 1990), dedicado principalmente a promociones inmobiliarias y obras por encargo. Eran los años del gran boom inmobiliario en España, así que el trabajo no faltaba y la vida profesional me sonreía. Combinaba encargos interesantes con promociones propias y disfrutaba con lo que hacía.
Acabábamos de tener a nuestro primer hijo, el segundo nacía ese mismo año y tenía la sensación —ingenua, ahora lo sé— de que mi vida respondía a circunstancias conocidas que, en general, yo podía controlar.
Fue a finales del 2004 cuando nos mudamos al piso de la promoción que había diseñado para mi familia, en un solar privilegiado en el centro de Sabadell. Era un hogar soñado, amplio, luminoso, con un gran patio para que los niños jugaran y todas las comodidades que me podía permitir y, obviamente, con su correspondiente megahipoteca a 30 años, ¿cómo no?
Sin embargo, al poco tiempo de vivir en el piso nuevo percibimos que algo no encajaba. Desde la primera noche, notamos que ni los niños ni mi mujer descansaban bien. Al principio, lo atribuimos a la emoción del cambio, al proceso de adaptación. Pero, con el paso de las semanas, el sueño no mejoraba. Los niños se despertaban varias veces (en especial el pequeño que venía a nuestra cama), y estaban irritables, y mi mujer se levantaba cada día más agotada y empezó a sufrir bruxismo. Pasaron algunos meses y la situación se volvió insostenible.
Hasta que un día, mi mujer me dijo:
— He hablado con mi madre. Me ha recomendado un geobiólogo.
— ¿Un geo… qué? —respondí, entre curioso y burlón.
— Un geobiólogo. Es un señor que mira y analiza si hay algo en la casa que nos impide descansar bien.
— La casa no tiene ningún problema —contesté, medio ofendido, sacando pecho, como arquitecto intachable.
— Bueno, a lo mejor él detecta algo que nosotros no vemos.
— ¿Y qué va a detectar ese individuo? ¿Es un iluminado?
— No lo sé exactamente. Mi madre dice que lleva un péndulo o unas varillas y busca radiaciones naturales.
— ¡¿Un péndulo o unas varillas?! ¡Si hombre! ¿Y qué más? ¡Lo que me faltaba por oír!
¡Me partía de risa! Literalmente. No entendía nada. Aquel discurso me sonaba a ciencia ficción esotérica. Yo, que en aquel entonces era puro cartesianismo con patas, solo creía en lo que podía explicarse con números y lógica. Conocía bien a mi suegra y su inclinación hacia lo alternativo y esotérico, así que no me tomé en serio nada de aquello. Pero mi mujer, con esa dulce firmeza que tiene cuando sabe que algo es importante, me lanzó una frase que me dejó sin defensa:
«¿No estás dispuesto a intentarlo al menos por tus hijos?»
Así que vino aquel señor. Y al abrir la puerta me encontré con una escena que ahora recuerdo con una sonrisa: cabello y barba blanca, alto y delgado, mirada profunda, voz pausada… parecía Gandalf en versión doméstica. Mientras se paseaba por casa con su péndulo en la mano de forma misteriosa y mística, yo me tronchaba de risa para mis adentros. Pensaba: ¡esto es surrealista!
Sin embargo, lo que dijo después me tocó profundamente. Aseguró que nuestros hijos y mi mujer estaban durmiendo sobre una corriente de agua subterránea que alteraba su descanso y, en cambio, mi lugar de descanso en la cama no padecía alteraciones.
Me revolví por dentro. Cuando sugirió cambiar las camas de sitio, casi exploto. ¡Yo había diseñado ese espacio con dedicación absoluta, a medida, cuidando cada detalle! ¿Cambiarlo todo por lo que decía un tipo que parecía salido de una novela fantástica? ¡Ni de coña!
Me resistí. Pero mi mujer insistió firmemente y, al final, accedí a hacer un experimento. Movimos las camas de los niños tal y como nos indicó, y también intercambiamos nuestros lados en la cama ya que mi parte de la cama no estaba afectada por la corriente de agua subterránea y yo no estaba dispuesto a moverla ni un centímetro.
¡Esa misma noche, los niños durmieron del tirón!
«¡Demasiada casualidad!», pensé, «vamos a esperar unos días, a ver…»
Mi escepticismo empezó a tambalearse. A los pocos días, fui yo quien empezó a dormir mal y mi mujer y mis hijos tan ricamente.
Empecé con insomnio, agotamiento. Hasta que una noche, rendido después de dos meses, decidí mover también nuestra cama hacia el lugar donde nos indicó Gandalf. Y, ¡sorpresa!, lo que parecía absurdo, funcionó, como tantas veces me ocurre todavía hoy, cuando visito una casa y es el marido quien me recibe con escepticismo. El mismo con el que yo respondí hace años. ¡Ironías de la vida!
Aquel episodio de tal evidencia lo cambió todo. Despertó algo en mí tan profundo que ya no encontré excusa para cerrar mi empresa promotora en el 2005 y empecé a investigar, a formarme y a estudiar lo que nadie me había enseñado en la carrera. Hice un máster en bioconstrucción, me documenté a fondo, asistí a cursos presenciales con maestros zahoríes, expertos en salud del hábitat, médicos integrativos y terapeutas. Fui integrando saberes que venían de distintas tradiciones, pero que encajaban de forma asombrosa cuando los miraba con ojos nuevos. Y con el tiempo, he conseguido unir esos mundos que durante tanto tiempo parecían separados: la arquitectura, la salud, la energía y la ciencia.
Desde entonces han pasado casi 19 años. A día de hoy he realizado cerca de 5000 estudios ambientales para particulares, empresas y profesionales de todo tipo. He escrito y publicado tres libros: La buena onda (2013), Vivir en modo avión (2016) y El buen dormir (2018). Cada uno ha abierto una nueva ventana a este mundo invisible que tanto nos condiciona y tan poco se nombra.
Y lo más extraordinario de todo es que este trabajo me ha regalado historias que nunca habría imaginado. Como la de aquellas parejas que, tras años intentando tener hijos sin éxito, decidieron revisar el entorno en el que vivían. En al menos cuatro de esos casos, tras realizar el estudio, cambiar camas y ajustar espacios, no solo lograron ser padres, sino que decidieron ponerle a su hijo mi nombre: Pere. ¿Cómo explicar lo que se siente cuando te llaman para decirte algo así? Es de las cosas más abrumadoras y hermosas que me han pasado. Y aunque no creo en los milagros, sí te diré que ese tipo de momentos son pura gasolina para seguir. Son la confirmación de que este camino tiene sentido.
Hoy, más que una empresa, soy parte de un movimiento. Colaboro con estudios de arquitectura, realizo formaciones y acompaño a personas que buscan transformar su vida desde el espacio que habitan. Formo a arquitectos, aparejadores, interioristas y profesionales del ámbito sanitario que quieren especializarse en geobiología y salud del hábitat. Muchos de ellos vienen desde distintos rincones del país e incluso del extranjero, porque hay hambre de saber. Y porque todos, en el fondo, buscamos lo mismo: vivir mejor.
Venenos invisibles nace de ahí. No es un libro de opinión, sino una guía mágica de respuestas a preguntas que nunca te has formulado y que voy a revelarte. Es fruto de casi dos décadas de estudio, práctica y observación. Reúne datos, investigaciones, artículos científicos y papers recientes que respaldan lo que muchas personas sienten, pero aún pocas se atreven a nombrar.
Voy a hablarte de campos electromagnéticos, de tóxicos en materiales, de radiaciones naturales, de contaminación interior, de factores que no se ven pero que afectan profundamente el cuerpo y la mente. Muchos de estos fenómenos aún no están reconocidos por la medicina oficial. Pero están ahí y condicionan la vida y la salud de miles de personas.
Este libro no busca alarmarte, sino darte herramientas. No vengo a decirte lo que tienes que creer. Solo quiero ofrecerte una mirada nueva, basada en hechos y en vivencias, para que seas tú quien decida qué hacer con esa información.
Si algo de todo esto te resuena, te invito a seguir leyendo.
Ojalá encuentres en estas páginas la claridad, la calma y el coraje para empezar a vivir de otra manera.
Y, por último, antes de seguir, quiero pedirte algo sencillo: lo que vas a leer a continuación no está escrito para entretener ni para que te lo tomes a broma. Está escrito para ayudarte de verdad. No pretendo que me juzgues ni que me etiquetes. Mi voluntad es servir, no perder el tiempo ni hacértelo perder a ti, no estoy para cuentos ni para tonterías. Por ese motivo, si decides seguir leyendo con atención y empeño, adquiere el compromiso de cambiar la percepción que tienes sobre tu salud para mejorarla, fortalecerla y prolongarla de forma real y natural.
Te deseo una feliz y provechosa lectura.
Lo que vas a descubrir para vivir mejor
Si has comprado este libro, seguramente es debido a que te preocupa todo lo relacionado con tu bienestar, cuidas tu alimentación, haces deporte con regularidad, e incluso me atrevería a decir que tienes una visión muy amplia de la salud y no te conformas con los convencionalismos sociales.
En las próximas líneas, te hablaré de la importancia de escoger un buen lugar para dormir, poderte proteger y reparar tu descanso, de forma práctica, didáctica, sin milongas ni cuentos de estampita.
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Lamentablemente, vivimos en una sociedad en la que prima el efecto placebo y nos decantamos muchas veces por fármacos y soluciones milagrosas, que no dejan de ser parches y no resuelven el problema de fondo.
Si tienes problemas de descanso, aunque duermas toda la noche, pero te levantas cansado, o si has enfermado a pesar de cuidar mucho tu alimentación, aquí encontrarás pistas y recursos para que tu salud mejore.
Mi idea no es alarmarte, ni mucho menos, pero sí que quiero concienciarte de que tu lugar de descanso es determinante para conseguir una buena salud y garantizar una longevidad saludable.
Como arquitecto ambientalista y geobiólogo, me encuentro casi a diario con personas que sufren graves enfermedades, como el cáncer, la fibromialgia, la fatiga crónica, la electrosensibilidad (sensibilidad a los campos electromagnéticos artificiales), la hipersensibilidad, las enfermedades autoinmunes, la cronificación del insomnio y trastornos psicóticos avanzados.
En los cerca de 5000 estudios geoambientales que he realizado, probablemente habré medido los campos electromagnéticos, los tóxicos ambientales y las radiaciones del subsuelo de más de 20 000 camas o lugares de trabajo. Afortunadamente tengo la inmensa suerte de poder colaborar con varios médicos integrativos y holísticos, y también PNIE, (que, con una mirada más amplia que la estrictamente sanitaria, también abarcan la psicología, el sistema inmunitario y la genética), algún oncólogo y personal sanitario como fisioterapeutas, osteópatas, acupuntores, quienes, a veces, recomiendan mis servicios cuando ven que, a pesar de todas las terapias aplicadas, su paciente no mejora con los tratamientos y vuelve a enfermar, o simplemente no se regenera como era de esperar.
Pero, por otra parte, algunas veces, mi labor queda relegada, lamentablemente, a un último recurso, cuando el afectado ya ha realizado un periplo de médicos especialistas y ha seguido enfermando gravemente, hasta que alguien le habla de mi figura y pide mi intervención.
Afortunadamente, muchísimas veces lo puedo solucionar con simples cambios de ubicación de camas o proponiendo protecciones electromagnéticas, entre otras soluciones, pero, a veces y por desgracia, cuando el caso está muy avanzado y es grave no lo consigo.
Por suerte cada vez hay más conciencia y evidencia de que el entorno es clave para nuestra salud, por tanto, quiero que entiendas que, si llevas un buen estilo de vida, comes adecuadamente, realizas deporte, aunque sea de forma suave y regular, no haces grandes excesos y no sufres estrés o situaciones críticas sostenidas en el tiempo, deberías ser una persona saludable.
Sin embargo, si manifiestas episodios de dormir mal de forma continua y no ocasional, de despertarte a medianoche (especialmente entre las 3:00h y las 4:00h), de apretar los dientes (bruxismo), de levantarte más cansado de lo que te acostaste, de despertarte con migrañas y dolores articulares, de tener pesadillas recurrentes, de tener ganas de orinar una o varias veces durante la noche, de sentir pitidos en los oídos (tinitos) cuando te acuestas, de que tus hijos se despierten a medianoche y vengan a tu cama, de que hayas intentado o estás en proceso de querer tener hijos y no lo consigas y de tantos otros desajustes que más tarde te detallaré, jamás te imaginarías que tienen que ver con tu lugar de descanso y te puedo asegurar con rotundidad y firmeza que guardan muchísima relación con tu vivienda y en especial con el lugar donde duermes, o sea, tu templo de salud: «la cama».
La disciplina que yo aplico es la Geobiología o Salud del Hábitat, y mi colectivo, que es muy pequeño, se dedica a analizar y auditar ambientalmente viviendas y lugares de trabajo utilizando instrumentos técnicos, con un criterio científico muy exigente y una visión integral del espacio para que sea biótico.
Estos son los elementos que analizamos y medimos:
- Los patógenos en la calidad del aire, como los formaldehidos, los COV’s (compuestos Orgánicos Volátiles), el nivel de CO2 (Dióxido de Carbono) y el grado de humedad relativa en el interior para mejorar su calidad con purificadores o filtros.
- Las micotoxinas y el moho producido por una mala ventilación, por capilaridad o por filtraciones de agua, para proponer mejoras de ventilación o filtración de patógenos.
- El gas radón y la radioactividad que pueda existir, para aplicar protección pasiva.
- Los materiales usados en construcción (pinturas, revestimientos, tejidos, etc.) para determinar riesgos invisibles y proponer materiales saludables y ecológicos.
- Los campos eléctricos y magnéticos de baja frecuencia de las instalaciones, para proponer filtros, blindajes y soluciones prácticas.
- Las fuentes de radiofrecuencia (WIFI, antenas de telefonía como el 5G entre otras), para proponer soluciones de protección y apantallamiento pasivo.
- La resistencia de impedancia de la toma de tierra de una instalación eléctrica, para proponer mejoras.
- Las geopatías por corrientes de agua subterránea y campos magnéticos terrestres, para realizar una propuesta arquitectónica y evitar su influencia patógena en lugares de descanso y alta permanencia.
- La iluminación y cantidad de la luz, para proponer una solución biótica en cada momento del día y en cada lugar de la vivienda.
A modo de reflexión, deberías saber que nos pasamos un 95 % de nuestro tiempo bajo un techo, del cual más del 50 % transcurre en nuestro hogar. Así, pues, deja que te pregunte: ¿No crees que es importante el lugar donde vivimos y dormimos?
En este libro, voy a hacer hincapié en todos los factores que pueden influir en tu salud y, en especial, en tu descanso y calidad de sueño, que, en definitiva, se va a convertir en tu mayor aliado para gozar de una buena salud y vivir muchos años más evitando enfermedades a medio y a largo plazo.
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El resto está en el libro: los venenos artificiales, los químicos y los geofísicos, uno a uno, y 100 preguntas con respuesta.